Hay diferentes tipos de dermatofitos y se clasifican en zoofilicos, geofílicos y antropofílicos. Los zoofílicos son los que habitan en la piel o pelo de los animales, antropofílicos en las personas y los geofílicos se encuentran en el medio ambiente. Entre perros y gatos el más común es el M. canis, este hongo está adaptado a estos animales y aunque produce lesiones alopécicas no suele provocar reacciones inflamatorias muy importantes. Sin embargo una infección por un M. gypseum, hongo geofílico producirá una reacción de la piel mucho más intensa y llamativa.
Los dermatofitos son contagiosos entre animales y personas y de ahí la importancia de diagnosticar cuanto antes la infección y tratarla, así como adoptar las medidas necesarias para evitar su contagio y diseminación. Es importante caracterizar el tipo de dermatofito, ya que de esa manera se puede localizar la fuente de la infección.
Siempre que se diagnostique una dermatofitosis hay que tratar sistémicamente con antifúngicos y realizar un tratamiento tópico de las lesiones y del medio ambiente para evitar el contagio de los hongos. Si hay más animales en la casa se debe explorar a todos los animales y en caso de existir gatos de pelo largo realizar un cultivo de dermatofitos, incluso en ausencia de lesiones, ya que pueden actuar como portadores asintomáticos.
El tratamiento de la dermatofitosis suele ser largo y puede necesitar más de dos meses de tratamiento. Los fármacos empleados para su tratamiento tienen sus posibles efectos secundarios, es por ello que sólo se debe tratar un animal con antifúngicos cuando tengamos el diagnóstico certero de la enfermedad